De a poco, un acercamiento a la historia de la construcción

¿Sabías qué la historia de la construcción es diferente a la historia de la arquitectura? A continuación de contamos un poco de como empezó la construcción a ser un tema trascendental en la cotidianidad del ser humano.

En nuestro imaginario colectivo, actividades como la arquitectura y la construcción se han consolidado a través de los años como quehaceres necesariamente complementarios y hermanados, sin embargo las fronteras que les distinguen se vuelven cada vez más difusas. Así, cuando nos acercamos para conocer la historia de la construcción, la mayoría de nuestros esfuerzos adolecen de la misma generalización y terminamos por estudiar la historia de la arquitectura.
Así entonces para hacernos una idea de la historia de esta actividad no debemos acercarnos a las formas, ni la inventiva ni la novedad del diseño, propios del quehacer del arquitecto, sino aquellos detalles que nos deben ocupar de un carácter más material y práctico.

La labor de edificar, es quizá tan vieja como el hombre mismo, y tan inherente a nuestra naturaleza como lo son las necesidades de alimento y reproducción, esto en la medida que el refugio, el hogar y nuestra habitación se convierten en primera salvaguarda nos dan seguridad y conservación ante las inclemencias del medio ambiente.

Como complemento y materialización última del diseño, la construcción y el afán de desvelar su historia, se debe afrontar como un estudio de la técnica. Un acercamiento a los medios materiales poseídos y desarrollados que han permitido a los hombres a lo largo del tiempo, pasar de improvisar sus refugios a partir de la geografía de su hábitat, a modificar las condiciones naturales del ambiente para moldear el mismo de acuerdo a las ambiciones de un proyecto específico de edificación.

Y no se trata solo de evaluar las mejoras de carácter técnico que facilitan la ejecución de los diseños y sus propuestas arquitectónicas, sino también de todas aquellas variables que les acompañan y condicionan, es decir, los factores de carácter social, económico, cultural e incluso religioso que han influido a los hombres en un tiempo y espacio geográfico determinado.

Así entonces, acercarnos para estudiar, por ejemplo, las condiciones en las cuales fueron edificados grandes monolitos como las Pirámides en Centro America, no se equiparan para nada a las condiciones vividas durante la edificación de los monolitos de Giza en Egipto, siendo sin duda resultados materiales semejantes. De la misma manera no podemos comparar, por ejemplo, la edificación de una ciudad europea como París, con la de otras ciudades cercanas a su fundación y desarrollo, que se encuentren ubicadas en otro espacio geográfico.

En ese orden de ideas, la piedra extraída de las canteras, o el ladrillo cocido de manera artesanal, característicos de las periodos medievales y anteriores, no puede ser comparados con los medios y métodos que surgen a partir del siglo XIX, donde la técnica comienza a internacionalizarse a través de la difusión académica universitaria y la incipiente industrialización, junto con la naciente economía de mercado, nutren a los constructores de nuevos y diversos materiales con calidad y precios para escoger.

Además de tener en cuenta la disponibilidad material de los elementos constructivos, hemos de considerar también la significación simbólica de los mismos, en la medida que muchos de ellos pudieron haber agregado valor a la estructura que componen. Es por ello, que de acuerdo a la finalidad de la estructura, bien sea ceremonial, habitacional o representativa, los materiales elegidos para su edificación lo resaltan por su contenido abstracto o emblemático, por lo que la piedra, el ladrillo, el mármol, cumplen funciones diferentes de acuerdo al espacio donde se utilizan y la forma en que se disponga de ellos.

El factor humano también es de vital importancia a la hora de hacernos a una idea de la historia de la construcción como un quehacer atado a condiciones de distinta índole. Imaginemos por ejemplo, de nuevo acudiendo al antiguo Egipto, la posibilidad de construir una estructura tan colosal y bajo tales condiciones geográficas como lo fueron las pirámides, sin la influencia del poder faraónico ¡hubiese sido un imposible¡ O por ejemplo, la posibilidad de construir castillos a lo largo de la geografía de Europa, sin la convulsión y belicosidad latente de la Edad Media Occidental que movieron a dicha necesidad de edificar fortalezas tan magníficas.

Tan complejos y tan únicos como copos de nieve, la historia de cada una de nuestras labores, bien sea la de construir, la de sanar, educar, comerciar, entre otras, tiene su particularidad, y está en especial, la de edificar y darle forma al mundo que habitamos, es una historia que merece ser contada como parte importante de lo que nos hace únicos como humanos y sociedad. 

Etiquetas: Juan Fernando Velez

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